domingo, 14 de septiembre de 2014

4º Encuentro de Escritores por Ciudad Juárez. SALAMANCA

       El miedo es al arma más poderosa contra la libertad y en ciudades tan violentas como Ciudad Juárez esta máxima se ha cumplido hasta hace poco. Feminicidio, muertes violentas, narcotráfico, secuestros, corrupción policial y política, falta de interés por las víctimas y por la investigación de determinados hechos violentos, desinformación y olvido… fueron las consecuencias de este miedo.
       Es a partir de 2011, con la muerte de Susana Chávez (poeta y activista contra la violencia), en que comienza a materializarse la unión de aquellos que desde la cultura, el arte, la palabra, la música, deseaban dar a conocer la situación de una ciudad que el mundo parecía ignorar y así,  haciendo fuerza, conseguir que, al menos, la comunidad internacional, tenga noticias del terror y la impunidad bajo la que están viviendo, y que esa visualización presione a las autoridades para poner freno a una situación que ya dura demasiadas décadas.
       En el mundo, en España, en Salamanca,… sin que la ideología ni ninguna otra diferencia nos desuna, hemos pedido apoyo a escritores, actores, músicos, fotógrafos, pintores… y público, para añadir nuestro pequeño grano de arena a esta cadena humana y enviar nuestro abrazo y la evidencia de que nos somos insensibles con los que sufren injusticias en todo el mundo y, en especial, en esta ocasión en Ciudad Juárez .
       Cada cadáver sin nombre, cada nombre que desaparece sin dejar rastro cuenta, como cuenta cada palabra, cada persona que, cada año, toma conciencia de un problema que no sólo afecta a unos pocos, sino que nos hace responsables a cada uno de nosotros como seres humanos. Cualquier aberración, cualquier muestra de violencia, cualquier ofensa y humillación que un ser humano sufre de sus semejantes es responsabilidad de todos y todos debemos luchar porque no quede en el olvido.
       Gracias, en esta ocasión a todos los que habéis apoyado este IV Encuentro de Escritores por Ciudad Juárez, a todos los que, con vuestra palabra, música, pintura, actuación, habéis hecho posible enviar este abrazo a nuestros compañeros más allá de este océano que nos separa. Gracias a los que habéis trabajado para que sea posible, a Nacho Serrano, al Espacio Almargen, a Maribel, a Fernando G., por el apoyo y esfuerzo. Gracias a todo el público asistente que arropó y abrazó con su emoción y aplausos a todos los que, de verdad, se sienten violentados e indefensos. Gracias a los medios de comunicación de Salamanca que han dado cobertura a la noticia, en especial a rtvcyl Salamanca y a Salamanca RTV al Día por cedernos algunas de sus fotografías de Pablo de la Peña. Un año más nos hemos sentido parte de un encuentro que, a nivel mundial, apoya a todos los seres que sufren, sin ideologías, sin consideraciones al margen de la solidaridad y el valor de la palabra, la música,… el arte en general y su expresión pacífica. La belleza, la solidaridad y los sueños pueden cambiar el mundo. Nuestras armas son esas; gracias por juntarlas en expresión de palabra, música, pintura y teatro. Gracias por el respeto y la generosidad que nos habéis regalado a todos los presentes y que en Ciudad Juárez reciben un año más.
                                                                                              Montse Villar González



Pintura: Sofía Cejuela

Eva Cámara y Mónica Tranque


Josechu
Fernando Álvarez

Josechu

Lara Boyero
Lara Boyero


















Fotografías de Salamanca RTV, Pablo Rodríguez, Fernando Robustillo y Nacho Serrano.




JOSÉ MARÍA TERRONES (Rápsoda)
AUSCHWITZ
         León Felipe
                    A todos los judíos del mundo,
                                                      mis amigos,
               mis hermanos.

               Esos poetas infernales,
Dante, Blake, Rimbaud…
que hablen más bajo…
que toquen más bajo…
¡Que se callen…!
   Hoy,
cualquier habitante de la tierra
sabe mucho más del infierno
que esos tres poetas juntos.
Ya sé que Dante tocaba muy bien el violín…
¡Oh, el gran virtuoso…!
    Pero que no pretenda ahora
con sus tercetos maravillosos
y sus endecasílabos perfectos
asustar a ese niño judío
que está ahí, desgajado de sus padres…
y solo.
¡Solo!
aguardando su turno
en los hornos crematorios de Auschwitz.
    Dante… tú bajaste a los infiernos
con Virgilio de la mano
(Virgilio, “gran cicerone”)
y aquello vuestro de la “Divina Comedia”
fue una aventura divertida
de música y turismo.
   Esto es otra cosa…otra cosa…
¿Cómo te explicaré?
¡Si no tienes imaginación!
Tú, Dante… no tienes imaginación.
Acuérdate que en tu “infierno”,
no hay un niño siquiera…
Y ese que ves ahí…
está solo.
¡Solo! sin cicerone…
esperando que se abran las puertas de un infierno
que tú, ¡Pobre florentino!,
no pudiste siquiera imaginar.
   Esto es otra cosa… ¿cómo te diré?
¡Mira! Éste es un lugar, donde no se puede tocar el
                                                                                                 [el violín.
Aquí se rompen las cuerdas de todos
los violines del mundo.
¿Me habéis entendido, poetas infernales?
Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud…
¡Hablad más bajo!
¡Tocad más bajo…!  ¡Chist…!
¡¡¡ Callaos !!!
   Yo también soy un gran violinista
y he tocado en el infierno muchas veces…
Pero ahora, aquí…
Rompo mi violín… y me callo.



AÍDA ACOSTA

En algún lugar de arena
está la niña
la niña del balde de agua
la niña rio
la niña que busca el abecedario
entre las piedras.

En algún lugar
pasea el miedo
el susto es una hoguera
y la madre canta su mar.

En algún lugar
está el niño fusil
el niño de tres dedos y un ojo
el niño que cava la trinchera
el niño abeja.

En algún lugar
está la luz anclada
de su infinitud.



TOMÁS ACOSTA
MALALA

Malala es un poema que nació mujer, es el acento de la libertad-ariete contra las murallas de la incomprensión.
Malala dibuja caminos que parten de la infancia donde  arrojan a la hoguera  cruces de palo y lunas de plata.
Malala es palabra espada que lucha contra el viento.
Cuando los pájaros vuelan, los peces nadan sus aguas, las plantas crecen libres; Malala dibuja ventanas,  Malala dibuja puertas por donde sale el hedor de la sociedad caduca, de la sociedad podrida.
Malala abre pueblos, ciudades, escuelas.
Malala se escucha en los disparos de los asesinos, en el vitriolo que deforma rostros, en la multitud muda de las naciones, en procesiones que llevan esclavos siglo veintiuno, en bombas de todas las guerras.
Malala es bandera de sangre, valentía de paz, la niña ausente, la mujer que nace.
Malala es mujer. La mujer que se multiplica. Su voz no tiene rejas. Su dolor es llama que grita por los mares.
Cruzan sus ecos, horizontes de dioses.  Camina con el peso de la tierra. Niños de Tamaulipas. Ciudad Juárez,  Infancia de África. Norte, sur, este, oeste.
Desde Paquistán se abre el epicentro de Malala, terremoto de conciencias dormidas.
Fluye de Malala un río que cruza el puente de la necesidad, vislumbra desiertos de pobreza con nombre de subdesarrollo.
Va allí donde dibujan países en el aire, deportes de caza de los demás.
Cruza mares, arenales, vendavales de lluvia y viento que dejan desenterrados cuerpos que no pasarán más hambre.
Llora desde la inocencia sobre pañuelos rotos de seda o algodón donde hay niños sin escuela,  manos sin pan, bocas cerradas, pies descalzos, dueños sin nombre.
Deja caer desde su altura estrellas sobre sombras. Conoce  tierra de tempestades. Nada la detiene en lugares remotos.
Bebe en la joven fuente de su inteligencia.  Insufla el espíritu de libertad. Siembra en corazones su lucha igualitaria. Cabalga el indómito caballo de la intransigencia en el rodeo de tiranos que aplauden sus caídas.
Malala lleva encendida su lámpara en la noche femenina de todos los tiempos.                   



CHARO ALONSO

Una voz clama en el desierto: preparad el camino a la Bestia. Que crujan los huesos pelados con el estrépito de la tormenta y que se levante la tolvanera. No cosáis la cicatriz que no cierra de los más de tres mil kilómetros de frontera, no sequéis el río Bravo que supura toda la cobardía, ni calléis el escándalo atroz de las maquiladoras de mano de obra sedientas. La Bestia no se sacia con la carne de la balacera, no se emborracha de la sangre del narco ni de corridos reventados de crónica negra. A la Bestia le gusta mancillar la inocencia, aquella que guardan las mujeres entre las piernas y lucen ignorantes las niñas como la tuya y la mía que tuvieron la fortuna de nacer lejos de la frontera y de aquellos que cubren el cuerpo con el sudario que nunca quiso el Profeta. Esa es la voz que le gusta a la Bestia, aquella que convirtió en matadero a la Heroica Ciudad de Juárez, estercolero de sueños y apeadero de trenes. No la de los cronistas del dolor ni la de los Poetas. No la de los periodistas ni las mujeres de negro que claman por las que no volvieron de la calle de la Bestia, esa que acecha en los rincones de la casa de la violencia, en las esquinas y en los descampados, en los tráficos de los hombres y de los coyotes que te dejan morir en medio de todas las esperas.
Una voz clama aquí y ahora: que se levanten aquellos a los que callaron de la peor manera. Que el Verbo se haga carne y habite entre las letras. Que llueva en el desierto y vayan las niñas a todas las escuelas y los trenes recorran el pespunte cosido del cuerpo resucitado con las vísceras enteras. Y que la Bestia se ahogue cruzando todas las fronteras y que de nada le valgan ni lanchas, ni muros, ni vallas, ni migras, ni pateras.



ARANTXA AGUDO
MI ENCARGO

Cosía tu vestido aquella tarde en la que el sol golpeaba la ventana pidiendo entrar. El calor era sofocante, pero a mi nada me importaba, tu futuro atuendo me tenía absorta. Había marcado los patrones y cortado la tela la noche antes. Pase los hilos y lo preparé para la primera prueba antes de acostarme. Te lo probaste al amanecer, un momento antes de tu partida, de tu último beso.
Marchaste al trabajo con todas mis precauciones en tu bolso: “Ten cuidado, no te fíes estate atenta...” Sólo llevabas un encargo “Volver”. Siempre fuiste juiciosa, una niña muy madura. Cerré la puerta y después de trastear por la casa me senté a coser tu nueva prenda.
Te hice ese cuello bebé, que tanto te gusta. Cosí pespuntes sobrehilé costuras, monté las mangas en su respectivas sisas. Hice ojales por donde los botones pasasen sintiéndose alegres de vivir en tu vestido, de ser cómplices de la alegría que te produciría  su futuro estreno.
Habías ahorrado de tu miserable sueldo cada mes un poquito para poder acercarte a aquella tienda donde traían las mejores telas de oriente. Nos ajustamos un cinturón invisible que nos asfixiaba el cuerpo y nos hundía el alma.
Yo intenté convencerte de que la tienda de Alfredo también tenía vistosas telas, pero tu lo tenías tan claro.
-¡”Mamá de Oriente, vienen de Oriente, como los Reyes Magos cuando eres pequeño, como los sueños.”!
Aquella fatídica tarde, tu ausencia me dijo que algo pasó. Salí a la calle  a buscarte, grité tu nombre y nadie contestó. Caminé y caminé hasta que el día apareció y no te trajo”. Alguien me dijo que las camionetas hoy buscaron carne.
Han pasado seis meses, cada día espero que cumplas mi encargo, aunque reconozco que ahora cuando te busco miro al cielo pensando que estarás entre los Reyes Magos y los sueños sin dueño que ahora serán tuyos.

Aún no terminé tu vestido, los botones no se dejan coser, las costuras como mi alma se abrieron solas en canal, sin necesidad de plancha cuando les comunique tu no regreso.
Para aliviar su pena lo dejé sin acabar, y los dos estamos atentos, en la espera para momentos antes de que decidas volver terminarlo, que tú lo estrenes y que el olvido no lo haga viejo.



ALBERTO BLANCO RUBIO
TRAS LA MIRADA DEL ASESINO

Dos monedas, águila y sol, el estrecho limbo que separa la vida de la muerte. Y, tras los cristales de mis gafas, la visión distorsionada de aquellas dos mujeres suplicándome que no las matara. ¿Pero quién son ellas para pedirme perdón, o quizás lo que algunos llaman clemencia?, ¿por qué tendría que dejarlas vivir?
-No me mate, por favor- la voz suplicante de una de aquellas féminas me percutió los oídos.
-Cállese puta, o me cago en la chingada madre que la mato ahora mismo-le espeto con voz grave y autoritaria.
Mientras las palabras salen por mi boca, me desplazo lentamente hasta situarme frente a mis víctimas. Dos chicas jóvenes, bellas sin duda, pero demasiado inocentes aún como para entender la realidad de la tierra que las ha visto nacer, Ciudad Juárez. Dentro de unos minutos todo habrá terminado para ellas y yo, tras cobrar la parte del dinero del rescate que me pertenece, me largaré de este sitio hacía un destino incierto, pero en el que no pienso volver a preocuparme por matar. ¡Por fin seré libre después de veinte años atado a las reglas de sangre y destrucción de los narcotraficantes y los miembros del Ejército Popular Revolucionario de México!
-Mire, voy a jugar con usted a algo muy divertido-le digo a la chica que me ha hablado antes, mientras acerco mi cara hasta su rostro-Voy a tirar esta moneda de diez pesos mexicanos al aire y me tiene que decir si sale águila o sol. Si acierta, la dejaré irse en libertad, sino la mataré de un tiro en la cabeza. ¿Qué le parece?
-No me mate, por favor, por favor….
-Cállese y responda de una vez-le espeto en la cara mientras le arreo con la culata de la pistola en la mejilla- ¿Cara o cruz?
-Águila-la voz de la chica suena entrecortada y nerviosa.
-¡Qué lástima que tenga que matarla, sea cual sea el resultado que salga de tirar la moneda al aire!-pienso para mis adentros.
Tiro la moneda al aire y, tan sólo un segundo después, empuño la pistola al aire y disparo a bocajarro al pecho de la chica. Después me giro hacia la derecha y repito la misma operación con la otra chica, que hasta aquel momento había permanecido en silencio. Sin embargo con ella, voy un poco más allá y le incrusto tres disparos en la cabeza.
Después, el silencio se apodera de aquel viejo almacén mientras la sangre tiñe de rojo la superficie en la que un día estuvo escrita la palabra PAZ.
Me doy la vuelta y salgo andando de aquel sitio, aunque aún tengo tiempo para recoger del suelo la moneda que, tan sólo unos minutos antes, había lanzado al aire. ¡Había salido águila!.



FERNANDO GIL VILLA
ASÍ HABLABA…

Digo que hay dos lugares en el mundo:
En uno temen la muerte
En otro la desprecian

Aquí la esconden bajo tierra
O la vuelan con el manto ceniciento
De pájaro que, taciturno y Fénix imbécil
Tan deshecho ya de estrellas
Nadie verá renacer.

Allí brilla esa patrona
Con ojos de dragón y chulería de salón
Me pregunto por qué te gusta
Jugar con la muerte tanto
Bailar con ella hasta la madrugada

Os digo que hay dos lugares en mi corazón
Uno para la muerte, otro para la vida
Y los que pasan de un cuarto al otro
Son los poetas cuya vida
Es el pasar, y a vosotros que no sabéis
Que respetar a la muerte es viajar
Os digo que en este mundo hay dos razas –únicamente dos razas-:
Vuestros hijos los poetas y vosotros
Asesinos de poetas.



MARIBEL HERNÁNDEZ MIRANDA
MUJER-ES DESIERTO
-Elegía por Ciudad Juárez-

Dime dónde mueres y te diré quién eres,
Eva sin pecado perdida en la ciudad que nada mira:
la muerte ahí es desaparecer dos veces.
Criatura despojada, sombra partida, lengua de arena,
nuevo silencio que se añade al desierto.
Mujer-es desierto:
carne abierta las grietas rojas del desierto,
que más que tu lecho fue tu bandeja,
y ahí se fue amoldando al espacio inmenso tu alma
que pierde su cuerpo y su frontera, y sale, y se levanta,
como una bella serpiente camuflada en el silencio...
Ciudad, ¿dónde está tu norte?
¿Qué coordenada te puso a los pies de la mala estrella?
(Y ahora el sueño de la vida está en dólares...)
De parir tanta muerte, ¡ay ciudad herida ciudad rajada!
Muerte sin milagro ni despedida: albas deshechas en luz terminal.
Sangre sin sacrificio ni ofrenda, que no pide ninguna deidad,
aquí en tu alfombra de arena (y allá por el campo algodonero);
surgió del suelo de tu corazón -tan seco ya como el desierto-
muñeca rota, hueso que de su pulpa se separa,
almíbar amargo la sangre que se derrama
como una larga lágrima en el recuerdo.
¡Oh ciudad sin centinela,
nadie que te prenda velas en medio del desierto!
Pero la luz se subleva mejor, entre más tiniebla
y lo mismo la voz, entre más silencio:
aquí tu grito apagado que se enciende en mi palabra
como una lámpara en el rojo infierno.



AGUSTÍN B. SEQUEROS
SI OJOS TIENEN, QUE NO ME VEAN
(Oración mexicana)

Si ojos tienen, que no me vean.
Que su mirada se enfangue en el odio
y yerren el tiro de sus rifles.

Si manos tienen, que no me agarren,
la boca no me amordacen
ni con sogas me destrocen.

Si pies tienen, que no me alcancen.
Que mi aliento en la carrera no se agote,
que sus botas no huellen mi morada.

No permitas que me sorprendan por la espalda,
ni se ensañen en mi cuerpo, 
ni desgarren mis entrañas.

No permitas que mi muerte sea violenta
y  quede en el silencio sepultada.

No permitas que mi sangre se derrame
y que perros famélicos la laman.

Tú que todo lo conoces y sabes de mi fe,
tú que eres testigo de su violencia,
no permitas que se llegue a creer en tu impotencia.

No me desampares, amén.



FERNANDO ROBUSTILLO RODELA
“LA PECOSILLA”

¡Dónde van esos hombres caídos de los árboles!
¡Los corales cuesta mucho quitarlos a la mar!
“La pecosilla” era un coral en la barca de su madre
                                                                  [a prueba de olas,
mas también a la deriva entre huracanes.
Neruda, Gabo, Chavela, amigos de México,
haced algo por estas muchachas prepúber
arrancadas del brazo de su madre
                        [como al bolso en una Gran Vía civilizada.

Me duele México, Antonio.
¡Cómo ganar esta guerra con disparos de versos!
¿Bajar y bajar por poemas al infierno?
                                                                                      
Me pena hasta la muñeca que llevaba “la niña de las pecas”.
¿Era la niña más bella un negocio, un cuerpo?
Nunca ha vuelto y ha pasado ya un decenio.
Tanto como ese puente que ha unido la juventud
                                                            [con la vejez de su madre.

Me ofenden los ángeles por no estar atentos
y el rayo que no cae o cae a destiempo.

Todo el pueblo sabe que otras lindas niñas irán al encuentro.
Y las ingenuas madres esconden el  lápiz de labios,
como si un “van gogh” sin marco fuere un adefesio.

La linda pecosilla fue la primera en aquel pueblo.
Y la lista fue creciendo.

Hasta que ocurrió lo peor en la adolescencia.
Lo peor era no estar en aquella lista.
Como si no la quisieran ni los demonios.

La juventud intrépida escuchó al silencio:
“No vuelven, de seguro que están bien”.

Ahora se roban niñas, se atrapan incautas
y la serenidad se agita en todo México.



AMPARO CONTRERAS
NIÑAS DE TIERRA Y AGUA

Amanece, y el cielo se viste de sangre. Y yo soy una niña-mujer olvidada, una más no encontrada. Siento mi cuerpo maltrecho, viscoso, lleno de gusanos. Y desde esta tumba húmeda me pregunto: ¿Hace cuanto que estoy aquí? ¿Soy “La Lupe”? ¿Sigo siendo ella? ¿Cómo llegué aquí? ¿Vendrán por mí?
¿Qué hice para merecer esto? Yo, sólo tenía sueños. ¡Contesten por amor a Dios!
¡Quería lucirme por un día! ¡Quería tener un vestido que deslumbrara a mis amigas! ¡Mi pastel grandotote, con rosas de dulce como las que llevaría en el pelo! ¡El baile para invitar a todo el barrio! y que me miraran, que todos y todas me admiraran. Y aunque fuera sólo por un día yo sería diferente. Por un momento se acabaría el sufrimiento, la pobreza, el cansancio y el dolor, mi negro destino. Todo me fue negado.
¿Qué pasará ahora? ¿Dónde quedará la tristeza de mi padre y las lágrimas de mi madre? Lagrimas que derraman en una réplica de las de tantas madres que han perdido a sus criaturas. ¿Dónde están las Marías, las Guadalupes, las Glorias, las Petras, las Juanas? ¿Dónde están las mujeres niñas? las niñas mujeres, las niñas juguetonas, las niñas morenas, las niñas grandes, las niñas azules, las niñas negras, las niñas de carne, las niñas de dulce, las niñas de pan, las niñas de agua, las niñas de arena, las niñas de barro, las niñas sacrificadas, las niñas mártires, las niñas lastimadas ¿Dónde? ¿Dónde están las niñas muertas?¡Por caridad, contesten! Ningún sonido, ninguna respuesta, pasa el tiempos y sigo sin escuchar nada. Todo lo acalla un rumor sordo, como de pájaros, de palabrerías, de voces huecas que no dicen nada…
¡Oremos por ellas! ¡Lloremos por ellas! ¡Recemos por ellas!



ISAURA DÍAZ
VIEJO MURO

Tatuado en el viejo muro
un poema habla de cantos inocentes,
tierras prometidas,
donde el pan nace de debajo de las piedras
y la lluvia es música.
¡De pronto!  vigías del miedo, voces desgarradas,
gritan que ya es tarde para recoger
la sombra de un sueño,
tus pasos de niebla duermen
entre lilas de piedra.
Abrazadas al viejo muro,
telarañas silenciosas
cubren versos polvorientos,
enamorados del espacio,
donde vive el tiempo que no despierta. 



ELENA DÍAZ SANTANA
PROMETE EL DÍA TACTO DE ESPINAS

En esta ciudad
de sueños rotos,
ignoran las estrellas
que el abrigo del hogar,
engaña al miedo
y me siento a salvo,
en los brazos refugio de los míos.

Anhelan mis manos
que nadie apague nuestra sonrisa
y tejen cuentos de esperanza.

Es la noche,
cómplice y testigo
de la profanación de lo sagrado
y yacen los cuerpos,
sobre el polvoriento lecho del desierto,
solitarios, sin nombre.

Solo tu alma mujer
permanece intacta, pura, inalcanzable,
para las sucias manos
de los cobardes,
pues eres templo
donde no caben, los mercaderes.




PEPE FRUTOS
EN ESTE LUGAR

En este lugar, los verdugos
te saludan con sonrisas
- prestadas por quien ya no presta -

te miran con el brillo de unos ojos ajenos
pero es ese brillo lo que huele a cadáver.

En este lugar, los caminos están
empedrados de lástima
y enfangados de humillación y locura

sus profundos baches, te conducen al abismo
en el que se ocultan las esperanzas.

En este lugar, cicatriza el desánimo
formando siluetas
trazadas con la desarmonía del terror

- pinceladas de sangre
invisibles al poderoso-

En este lugar, ya no hay lugar
para tantas ausencias
como las que provocáis

solo hay sitio para un exuberante futuro
y pronto lo ocuparemos.



CRISTINA GARCÍA CAMINO
SÓLO SON MUJERES
Arminé Arjona


En esta frontera
el decir mujeres
equivale a muerte
enigma y silencio.
Seres desechables
que desaparecen
cruelmente apagadas
por manos cobardes.
Y todos nos vamos
volviendo asesinos
con la indiferencia
con el triste modo
En que las juzgamos:
“gente de tercera”
“carne del desierto”
sólo son mujeres
una nota roja
viento pasajero
que a nadie le importa.



JOSE MIGUEL GARCÍA SÁNCHEZ
HOY

Hoy (hoy es muchos días; días en los que quiero creer en el Mundo; días en los que quiero creer en mi capacidad para decir algo; casi todos los días) he soñado un sueño de libertad, de tolerancia, de ausencia de opresión.
El sueño soñado me presentaba una sociedad en la que, ni en Ciudad Juárez, ni en ninguna otra parte del Planeta, se asesinaba, se comerciaba con la carne humana o se mutilaba la infancia de un niño.
El sueño soñado me presentaba una sociedad en la que no había paraísos soñados que buscar, porque no había infiernos en la Tierra de los que se tenía necesidad de escapar.
El sueño soñado me presentaba una condición humana (condición humana se escribe con “H”) presidida y dominada por el amor (que, también debería escribirse con “H”), en la que sí era posible que los revolucionarios no se convirtieran en torturadores; en la que sí era posible que, en las ciudades que llevan los nombres de esos revolucionarios, no se libraran brutales batallas o se sufriera un continuo goteo de víctimas de la avaricia (eso, sí que se escribe sin “H”). Batallas de pesadilla en territorios de frontera; batallas porque hay fronteras, batallas porque pocos seres humanos son humanos.
Desperté de mi sueño y, me puse a batallar (a escribir éstas líneas) porque quiero creer (creer con “H”) que el sueño es vida.



JOSÉ GONZÁLEZ
UN LUGAR EN EL MUNDO

La memoria, esa fortaleza que madura las arrugas
y asienta ese mundo donde crecer, jugar y ver llover.
Ese lugar de gotas de rocío
donde brilla el futuro sobre los charcos.

La poesía, ese rastro de sal en el dulce,
un llanto donde ahogarme en sonrisas,
morir en las manos de tus letras
y llegar a ese paraíso que es la vida
en un pálpito, un latido, un impulso
para finalmente amanecer
y sentir tu piel sobre mi pluma.

La música, esa llamada que ilumina rostros,
las melodías que respiramos cuando vivimos,
los timbales motivando el salto,
ese salto sobre las heridas,
las que cicatrizan a base de impactos,
saltando al vacío.

La ilusión, mi esperanza por un destino en su ombligo,
ligado al mañana, en un viaje de olor a menta,
violento y húmedo como el sexo bajo la tormenta.

Ellas, libres de su tela de araña,
respirando valientes, sin miedo a nada.
Tumbadas sobre las notas
con una ternura que arde, luminosa, cálida,
empalando mi mundo, tu mundo.



MARÍA ÁNGELES GUTIÉRREZ
Y hablarías de ello limpiamente
Laia López (La mujer cíclica)


La noche me invita a bajar la escalera babélica del deseo. Soy torpe. Me pregunto si caeré, si podré llegar, si me pondré a saltar a la pata coja en el punto de vértigo. Las piernas tiemblan. Primero un paso, después otro. Qué suerte que pudimos conjurar el rito de las desapariciones.

Mi boca se clava en el espacio vacío de átomos sin vello. He descendido el primer piso con los ojos abiertos. La noche me reta a cerrarlos, a escanciar el néctar ácido de los cuerpos que aguardan dispersos en un lienzo antiguo. En realidad, no sé si alguien me espera. Toda la vida pensé que nadie iba a esperarme, que era yo la que tenía que andar buscando por lugares oscuros. De modo que icé mi dolor a lomos del viento, lo amasé y volví a parir mi cuerpo. Era hermoso en su extraña mutilación.

Quiero llegar al lugar imposible.
Ahora sé que el tramo era infinito, caracola de las lenguas macerando las palabras del agravio, manos en la fuga al encuentro de las diosas tiernas. Carne, atlas, reverso de piel despiadada mordiéndome, urgiéndome para que no regrese. Abrevadero de la muerte primera, la muerte embelesada, la que marca los caminos que no seguiremos y por los que estaremos dispuestos a volver a morir. Allí voy a partir con mis recuerdos. Fósil atento a todos los engaños. Tristeza de las aguas desbordadas.



JUAN CARLOS LÓPEZ PINTO
ARROJADAS AL SILENCIO

Me pregunto por qué lloran
Y miran al suelo,
Desnudas en la luz,
Las que andan por las calles
Buscando un mundo imposible.

Por qué se ha perdido la esperanza
Y se sienten el reverso del futuro
Después de haberlo soñado todo.

Quién sabe si son pura alegoría,
Una larga canción de despedida,
La carga de dolor de cada gesto
Que renuncia a cualquier ilusión.

Qué sé yo si están en tierra conocida,
Cuando los días van borrando la libertad
Y el alma que les hizo.

Desconozco por qué este tiempo
Ha arrojado a tantas mujeres al silencio,
Ni quién empuja a quién
En dirección a la vida,
Si ya no queda aliento en sus ojos.

Y aunque pase de largo la poesía,
Perdida ya su hacienda,
Y un rito no alimente,
Sólo te diré una cosa:
Dónde tú, estaré yo.
Ese será nuestro paraíso,
El primer día, después de todo.



VICENTE MARTÍN ALONSO

Tú, que amas en destreza las tinieblas, con el canto loco del gallo, media luna que te mira,
Es Vedrá, ú dos mil kilómetros por cien beso, no imaginé la brisa, que nunca lastima,
y sin embargo, todo lo lleva,
sobre el vacío sonoro,
la espalda de un hasta siempre, sin razón para suspiro, la puerta, antaño dulce supervivencia,
tiñe de miedo, la por delante sombra es hoy,
tras estrechar sus calles,
prende la boca sin oxígeno, apagando la espera, sin vista,
a un cajón el desierto,
que abierto sin llave,
tú sumisión expresa contiene,
ni un por qué, ni siquiera cómo,
asoma el cuándo, tan visceral,
ya recuerdo...
[De Santa Inés]



JOSE AMADOR MARTÍN

I
Todos los días, cuando los gallos cantan en la madrugada
a sangre de los hombres llueve a chorros sobre mi cabeza
a tiempo para la desesperanza, me llega
el paraguas de la verdad herida
las palabras difusas de un hastío comunicado…
Las espaldas de los hombres, comerciantes de la paz
a nivel de intereses personales, se ensanchan
y en su ensanche hasta lo indefinible
la verdad se hace estrecha hasta la muerte…

la verdad que llega veloz
encaramada en un misil o en un tiro furtivo
que casualmente abate a un hombre
o a miles de hombres que vagan sin cesar
por los campos,  en brazos de la  muerte.

Toda la tierra clama por un dolor inmenso
que nos conmueve el alma
que nos anula
que nos hace partícipes, en el silencio atroz,
en cada lágrima de todas las vidas masacradas.

Nuestra arma es un verso
una palabra que no se puede ocultar,
que hay que decirla,
cuando el hombre es dueño de la vida y la muerte,
cuando sentimos caer la sangre cual lluvia en la mañana.

Será en África?,
América?,
Asia?
o acaso será en Europa? …
¿Dónde se poblará de muerte la memoria,
mañana al despertar?

Hijas del llanto, mujeres de Ciudad Juárez, hijas de la Ignominia
en fronteras de esperanza, en desdibujados sueños
en las que vivir tiene un precio y morir cuesta tan poco.

Llueve la sangre
Hijas de la muerte, extraño acontecer de días ocultos,
niños de todas las calles del mundo
muertos inocentes que pueblan las crónicas de guerra


II

Será entonces,
cuando los gallos canten en la madrugada
cuando el dolor se crezca.
Crezca cuando compartido
con el silencio del alba
quede flotando en el aire el último átomo de tu perfume
O acaso, cuando los gallos canten en la madrugada,
ya no exista,
en el vacío comunicado al Universo
de mis hermanos muertos…
Acaso entonces no haga más que añorarte, verdad,
en la esperanza de libertad que se nos quita.
(Versión extendida)



SOFÍA MONTERO GARCÍA
RETAZOS DE UNA VIDA

La piel se inunda de inquietud.
 Mujeres,
al borde de su yo,
habitan en el tiempo.
Desnudas de paz,
caminan desterradas
con el silencio del miedo.
La mente
 se tiñe de pasión,
adorna las palabras
que acompañan a la muerte.
Voces,
en el rincón del sentimiento,
 desgarran el sonido
para llorar al hombre
violaciones imborrables,
 pensamientos rotos
en la herida del recuerdo.

Desierto está el amor
en el oasis de la vida.



VICTORIA PELAYO RAPADO
ZURDO

            Los cinco a la vez mostraron los puños con los fósforos, el Zurdo miró el suyo, que sobresalía mutilado por entre los dedos gordos y sucios, y tragó saliva. Había perdido y el trabajito aguardaba en el agujero. Pinche suerte la suya que siempre le tocaba lo más malo. Los otros se echaron a reír y a darle palmaditas.
            -No se me apure, pendejo, es tiernita  –dijo uno.
            -Piense en la plata y le será más fácil enfriar –dijo otro.
            -Aquí le dejo esto, para que le facilite –dijo un tercero, sacándose del bolsillo una navaja que, al abrirla, formó una uve brillante bajo el sol.
            En ese instante lo supo, fue cuando dijeron que lo echarían a suertes, sin pelearse, sin insistir, amañaron los fósforos para que él sacase el más corto. Además, ellos ya se habían bautizado, como les gustaba decir, Solo faltas tú, le acusaron, y le extrañó que no se revolvieran, al contrario, se quedaron bien mansitos porque sabían que el trabajo lo haría él, y él no podía negarse, porque las reglas tácitas del negocio hablaban clarito, aquí trabajamos todos en lo mismo, y al que se escabulle, puerta. Entonces recordó la cara de su madre y las de sus hermanos, en las que solo se veían ojos. Apenas había pasado un mes desde que comían caliente y sería duro decirles que la calle los esperaba, para mendigar a unos y para robar a otros. Se levantó y recogió la navaja, la abrió por completo y comprobó el filo. Enseguida un punto rojo apareció en el dedo. Apretó el mango con la izquierda y dejó caer el brazo, con la hoja apuntando hacia delante.
            Bajó los peldaños, despacio, decidido, adentrándose en la negrura hasta que su sombra se confundió con las sombras excepto por el destello que brilló en la hoja, reluciente y afilada.



MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ
HAIKÚS DE CIUDAD JUÁREZ

Ciudad cuchillo.
En los mapas la infamia,
su corte limpio.

           
Brújula rota.
El desierto se extiende
hasta la boca.


Sierpe y abismo.
La palabra mujer.
Roto bisílabo.


Muerden los lobos.
Orejitas desnudas,
viento y abrojos.


Negra mazurca.
Palabras que zozobran.
La tajadura.
           
           

Feminicidio.
La violencia insolente.
Flor y castigo.

           

Ronco alfabeto.
Al nombrar Ciudad Juárez
arde el silencio.


                        a Juan Armando Rojas Joo




MARÍA DEL CARMEN PRADA ALONSO
SIN DÍA SIGUIENTE

Asomas tu cuerpo a la luz no poseída,
que llega, como siempre,
cruzándose con los espectros sin manos
atrapados en las paredes rotas.
Corren bajo tus nubes imaginarias
los ecos de las lágrimas no nacidas,
que llenan los claros del dolor.
Cada segundo empujas las dunas cenicientas del miedo,
dejando la huella de tus pisadas sin ruido,
silenciando la sangre del latido amordazado.
Fijas el mundo al suelo para poder guiarte,
sin correr las cortinas de tu vida,
buscando no encontrar la mirada asesina.
En tu alacena sin luz
escondes las especias de tus sueños,
con susurros de pieles apretadas que sucumben al horror.
Ante tus ojos pende el racimo de uvas al que el tiempo
va arrancando una a una,
descubriendo el tétrico esqueleto
que empieza a anunciar la desnudez total.
Seguirán de las vides brotando más racimos,
y más irán perdiendo su abrigo, y más esqueletos irán llegando.
Sientes el miedo en tu destino que se burla de tu inocencia
al creer que puedes guardar las que quedan
para una mesa sin día siguiente.



LUIS RAMOS
A PESAR de lo escrito.

Aunque las puertas parezcan ya abiertas,
Juárez sigue olvidando a sus mujeres,
                                                            corta
la semilla de su luz y anega la vida.

Y si lo vergonzoso es el silencio,
lo terrible es que aún siguen muriendo,
continúan vejándolas y las asesinan.

Es más sencillo huir,
salir corriendo, y de nuevo callar,
esconder otra vez los gritos y las violaciones.

Pero si el miedo a hablar aparece y en su temblor
simula no ver nada,
no dejará su sombra nunca,
ni nosotros tampoco, de ser cómplices.

¡Nunca jamás!

Sería más fácil marcharse,
no pensar, segar la verdad
cuando los desengaños se intoxican
y la sangre embarrada de rutina
se va haciendo grano y engorda
sus trampas con los miedos de la gente.

Pero la puntería de la voz,
                                         el pulso,
la potra loca de las iluminaciones,
siguen creciendo en tanta claridad como queda
cuando la contundencia
y el relámpago certero de un verso anuncia:

¡Juárez sigue olvidando a sus mujeres!



SALUD ROMANOS
DESCALZA

Descalza, llegó descalza...
Desnuda, amaneció desnuda, llena de flores que nacían de entre sus arterias desgarradas que dejaban entrever sus huesos dulces, apenas sin estrenar, ante la inminente presencia de la primera luz del sol.
Su cuerpo, semienterrado echaba raíces desde la tierra seca y agrietada hacia el núcleo del firmamento mientras, sus ojos casi ciegos ya para ver el mundo, aún derramaban unas lágrimas brillantes, constantes y tercas como estrellas vueltas hacia el azul....- (ese brillo que la incomprensión más profunda del alma causa), el dolor de mirar a la muerte de frente pero con dignidad, con la fuerza de saberse entera aunque te rompan.
María arrodillada por el insoportable estallido de sus huesos rotos que con troncos viejos de maderas muertas le han quebrado las piernas, María cae.....Cae .María, siendo consciente de la integridad de su corazón
Serena, llegó serena a la caja de madera, blanca y triste, a la caja que por última vez la vistió.
Suave, llegó suave María con sus labios sin estrenar, transparente llegó transparente para que el asesino que la destrozó mientras la embestía rasgando su frágil piel pudiera como si de un espejo cóncavo se tratase ver reflejado su rostro del gozo que causaba mientras hacía crecer en María la mayor de las ternuras, su perdón (ese regalo que las mujeres sostenemos entre las manos mientras nos asesina el más insoportable dolor)..
María, no murió aquél día
Él en cambio sí, él se vació

Fue él, y fue aquél día, el día en el que el Hombre murió.



AJO DIZ

“La muerta apareció en un pequeño descampado en la colonia de Las Flores. Vestía camiseta blanca de manga larga y falda de color amarillo hasta las rodillas, de una talla superior…. Esto ocurrió en 1993. En enero de 1993. A partir de esta muerta comenzaron a contarse los asesinatos de mujeres. Pero es probable que antes hubiera otras. La primera muerta se llamaba Esperanza Gómez Saldaña y tenía trece años. Pero es probable que no fuera la primera muerta. Tal vez por comodidad, por ser la primera asesinada en el año 1993, ella encabeza la lista. Aunque seguramente en 1992 murieron otras. Otras quedaron fuera de la lista o que jamás nadie las encontró, enterradas en fosas comunes en el desierto o esparcidas sus cenizas en medio de la noche, cuando ni el que siembra sabe dónde, en qué lugar se encuentra”. Roberto Bolaño. 2666.

Un tipo te ata con grilletes a la pared encalada. Te abofetea. Te escupe a la cara y exhibe su verga. Agarra una navaja y traza en tu piel líneas que no purgan el terror que dobla tus piernas. No es el pasado, ni una película, ni una leyenda, no es una ficción ni la letra de una ranchera: “Consigue una pistola si es que quieres o cómprate una daga si lo prefieres, y vuélvete asesino de mujeres… Mátalas, mátalas con una sobredosis de ternura, asfíxialas con besos y dulzura”. Es la mano que golpea, la culata de una pistola, las cuerdas o el látigo. Las noches sin luna, la sed y el hambre, y otra vez sus vergas hinchadas, el cuchillo que atraviesa tus entrañas, los huesos que se rompen. La piel en el polvo, la sangre en el polvo, lágrimas en el barro, los pechos desgarrados y las nalgas violáceas. Los puños sellan tus labios. El peso de sus grasas, de sus litros de tequila, de sus pistolas, agosta tu cuerpo excoriado. La furia de los chacales estrangula tus miedos para siempre.

15 de julio de 2014. El cadáver de Victoria Landeros Moreno de 28 años apareció en una vivienda derruida en el poblado de S. Agustín en el Valle de Juárez. El cuerpo estaba desnudo y en avanzado estado de descomposición. Había sido violada. La causa de la muerte fue traumatismo craneoencefálico severo.



ANA S. DÍAZ DE COLLANTES
UN MUNDO AL REVÉS

La luz de la mañana primera
presenta las manos vueltas,
adolescentes palmas níveas
sobre la hierba fresca.
Algún matiz dorado
refleja apenas la vida púber,
ahora cristal de cieno,
sobre las manos yertas.
Memoria infalible
de invisible cabello al viento.
Memoria para siempre perdida
de helada sonrisa al cielo.
Memoria, Mujer, que fue de vida,
rasgada, mortal memoria, profunda
sobre las manos blancas,
memoria al fin, entre las manos quietas.



MAMEN SOMAR
In memorian

Se hace tarde.
Todo ha quedado en ámbar.
La vida golpea como una rama partida por el rayo,
en el cristal de una ventana
y ese eco a vidrio roto,
se hunde hasta las venas más finas de la insistencia.

Murmuro entre sus fisuras...
Recuérdame,
si me olvidas moriré dos veces.

Se entumece el día y las horas quedan hueras.
Arañan un poco cuando pasan,
 ahora que ya no habito en ellas.

Y un tumulto de arena asienta
sobre las calles por donde la mujer que veías pasar cada día, uno, no pasa.
Como un desierto quedan las aceras,
si no gritas mi nombre en mitad de este silencio.
Di mi nombre
Di, que quiero volver a casa.

En ámbar ha quedado todo.
Yo, ya no estoy.
Hay una rama que roza mi cuerpo, caída, roto.
Qué sea tu mano, tu boca, quien me levante.
Recuérdame, recuérdame, porque si me olvidas, moriré dos veces.



TOÑO BLÁZQUEZ
VERSOS CONTRA BALAS

Estar vagando entre la niebla oscura,
en el  templo de la espada maldecida,
en río cada sorbo de miedo una crecida
y la esquina combada en sepultura.

De norte y sur se explican las veletas;
este y oeste y vientos las arrullan…
ondean en sangre lobos que aúllan
y quieren dejar sin vientre a los poetas.

Mas la vida seduce cuentos milagrosos…
en los que versos y balas batallaron
y fuera milagro que ver versos a millones

tuvieron sentido y garras como osos
Y mudando la muerte por la vida consiguieron
que lo escrito reviviera –por fin- los corazones.



JUAN ÁNGEL TORRES RECHY
Ciudad Juárez nos congrega con espíritu fraterno


Ciudad Juárez nos congrega con espíritu fraterno.
El dolor nos mueve a la unión, y la unión nos mueve al amor,
con arte y un diálogo,
cuyas raíces se remontan a las del silencio del mundo blanco.
Verdea nuestro espíritu la esperanza.
Mana en la tinta nuestra alma, sobre el papel de la tarde.
Llega con su viento a la puerta el otoño,
y entra por la ventana el misterio de ser.
Vivimos el dolor de nuestros hermanos juntos.
Somos una Tierra (el mar cogió su color de nuestros ojos).
Aunque el peso de la vida haya vencido nuestro brazo,
siempre habrá un pájaro y una persona,
con trinos atemperados y sabias palabras,
que echen luz sobre la certeza de la noche,
y nos ayuden con la carga de abrojos y cardos.
Siempre a la vuelta de la esquina,
en torno al fuego se reunirán las personas,
para encarnar con su palabra de uva,
la verdad del sol y la nube,
que conocieron justos desde antiguo, los pueblos de México.



MONTSERRAT VILLAR GONZÁLEZ
MI PIEL BAJO TUS UÑAS


Limpia bajo tus uñas
la piel que arrancaste
a la muerte que me silencia.

Asea tu cuerpo lentamente
mientras recuerdas como,
después de infinitos minutos,
conseguiste que dejara de temblar.

Olvida, bajo el techo que te cubre
que yo también tengo una familia
a la que la madrugada arranca el sueño
para recuperar el cuerpo
que tú abandonaste en cualquier descampado.

Abraza, bajo este sol hiriente,
en la acera de tu hogar
a la niña que has visto parir
y que quizás nunca muera
entre las piernas de ningún hombre.

Lava, lava tus uñas de la miseria
que arañar mi cuerpo ha engendrado.
Limpia las manchas de dolor
de la tierra que cubre cada noche
las esperanzas y los destinos
sobre el asfalto, ya muertos.

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